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VIVIMOS EN UN CLIMA DE INCOMODIDAD
Película "Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca"


J. G.
(Madrid, España)

Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca
  Ficha Técnica Video
Las conciencias se agitan cuando se habla del cambio climático. Nadie en su sano juicio permanece inmune a las voces que se alzan en favor de un gestión climatológica necesaria. Han pasado diez años desde que Al Gore, político y filántropo, pusiera la voz de alarma sobre la alteración ambiental con la primera parte de este documental. Fue de los primeros en advertir las consecuencias de una catástrofe ecológica a la que nos acercábamos con paso firme y silencioso. Sus palabras, para muchos, sonaron pretenciosas, sobradas de imaginación paranoica, alocadas, pedantes. Hoy, lo inconsciente es no hablar de ello, no preocuparse sobre un problema que afecta a todos y del que todo el mundo es culpable. Segundas partes nunca fueron buenas. El documental que encabeza Al Gore como maestro de ceremonias retoma la senda empezada por ‹‹Una verdad incómoda››. Su compromiso ideológico con el medio ambiente ha sobrepasado el lodo de la utopía para convertirse en voz de una cuenta atrás envuelta en la locura del desastre natural. Avanza imparable, se revela con un abrazo mortal que, en vez de acariciar, estrangula con intensidad merecida.
 
El deshielo de los glaciares es una realidad  
Al Gore en Groenlandia contemplando las secuelas del deshielo
El trabajo de David Guggenheim (conocido por la serie televisiva Melrose Place) descubre una persona más interesante que el personaje. Su constancia es vencida por el desfallecimiento del sujeto impotente en la cuesta de un trabajo solitario. Al Gore es un activista, un predicador que no vende ideas espirituales; un diplomático; una figura política preocupada por el futuro medioambiental que hemos trastornado. El cambio implica una vuelta sobre los pasos perdidos por el bien común. Las imágenes de esta evidencia adversa no buscan el impacto de una fotografía paisajística sino la incomodidad de lo tangible. Son mensajero incómodo de un presente grisáceo: la muerte progresiva de la Naturaleza a manos del hombre. La dependencia de los combustibles fósiles, el espolio de los recursos naturales, esa necesidad enfermiza por destruir lo indefenso y la inconsciencia de un entorno consumista comienzan a golpear; el ganador, hasta ahora, en esta lucha desigual, flaquea y el sometido despierta.
'Eso incluye dejar de destinar miles de millones al cambio climático' (Donald Trump, presidente de los EEUU)  
Presentación en Houston, Texas: video inundaciones de Manhattan en 2012
El dramatismo de los cataclismos naturales hace pensar. Al Gore, en vez de llamar a las armas, moviliza con palabras diáfanas sobre el mal que se nos echa encima: desde las inundaciones asiáticas hasta las sequías africanas. A la vez que se adentra en los efectos de esta trasformación meteorológica (y el cambio social que arrastra), justifica la necesidad de una renovación energética. El retroceso gubernativo viene empujado por las tesis negacionistas que encabeza Donald Trump y su ignorancia. La estabilidad del ecosistema peligra en sus manos. Las razones de peso que argumentan países como la India sonrojan. EE UU le niega la tecnología necesaria para adaptarse a las energías limpias, ofreciéndosela como un negocio inalcanzable para su economía dolorida. El nivel de las aguas sigue creciendo, Miami se convierte en retoño de una Venecia norteamericana de forma acelerada.
Los pasillos de las negociaciones internacionales se colapsan con mandatarios desconcertados. Al Gore sabe que los intereses económicos gobiernan el mundo. Mientras se desarrolla la Cumbre climática de París (2015), los casquetes polares se desintegran con un silencio lastimoso, las playas tropicales dejan de ser un paraíso vacacional codiciado mientras la tierra se seca, se quema, se resquebraja. El pánico salta por los atentados de París, paralelos a la reunión política, pero no se puede olvidar que el daño ecológico también es terrorismo internacional.
Al Gore en una conferencia pública en Stanford Univeristy  
Al Gore con Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá, en la Conferencia sobre el cambio climátaco de las Naciones Unidas en París, Francia

La temperatura de la tierra está subiendo, los inviernos serán cada vez más calurosos y los abrigos pasarán a decorar el fondo de armario de una sociedad que ha confiado demasiado en los combustibles fósiles.
Al Gore es un fenómeno social a caballo entre la cercanía del individuo preocupado por el medio ambiente y cierta distancia encerrada en su verbosidad al servicio de una cruzada mediática que no se muerde la lengua. ‹‹Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca›› es una llamada a la Pachamama y la solidaridad de la Gaia como motores de la sensatez humana. Su mensaje final pide un voto de confianza a la recuperación del sentido común que frene esta caída en picado.
A pesar de las verdades que duelen como puñetazos honestos, este ejercicio explicativo de Al Gore abrillanta la capa de optimismo que escondemos apolillada en el fondo de nuestro corazón. Al Gore es pasional, la película que firma Davis Guggenheim hace pensar durante casi hora y media. Es un documental necesario para que el planeta esquive con cordura las avisos apocalípticos sobre su futuro cercano.

J. G.


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