El mundo ya ha caído, el orden internacional ha sido dinamitado, el saqueo de un presidente prepotente sigue su curso. Sabíamos que Donald Trump no se dedica a entretenerse con los soldaditos en la Casa Blanca sino que utiliza piezas de carne y hueso para juegos de guerra salvajes, convertidos en carnicería que nadie se atreve a parar. Quirúrgico, limpio, certero, sin víctimas civiles pero con muertes militares que no son humanas para este espécimen. Venezuela ha sido invadida de manera exprés con un propósito directo basado en el atropello imperialista, anunciado hace meses: la captura de Nicolás Maduro. Que sea un corrupto no es excusa para que un pistolero como Donald Trump altere naciones y, teóricamente, construir la paz. Maduro era, y es, la mosca cojonera que le molesta en el patio particular de su casa colonizadora. Quiere repartirse el mundo convirtiendo a Latinoamérica en el basurero del poder capitalista, opresor, interesado en su petróleo. Conocido el atropello de esta operación rápida dirigida por el operativo Fuerza Delta, la población venezolana ha quedado sumida en un pánico congelado que no se atreve a salir a la calle, excepto algunos chavistas reclamando la vuelta de un presidente corrupto y el júbilo recluido en internet de quienes celebran la defenestración de Maduro. Una chica, durante la manifestación del 4 de enero en Madrid, confiaba en la acción de Donald Trump porque es un tipo que cumple lo que dice. El comentario va sobrado de razón. Lo que debe analizarse es la naturaleza de sus acciones y valorar si esta invasión traerá bienestar a la estabilidad venezolana. Para quienes se encuentran alejados geográficamente del país, pero no de corazón, este asedio policíaco y militar rompe todos los principios de justicia y persecución sobre un delincuente como Nicolás Maduro. Donald Trump, considerado garante de la paz en el mundo libre que cada vez lo es menos, está en la misma onda tiránica de la delincuencia impune.
El derecho internacional ha sido destrozado mientras la justicia interpretada unilateralmente se impone. Mientras un presidente elegido por elecciones democráticas se cree Napoleón, mientras el mismo que conquista para restablecer una paz mentirosa persigue en su país a la escoria inmigrante que ensucia su sociedad pura al estilo Ku Klux Klan. ¿Y China, Corea del Norte o Rusia? La reunión que Putin y Trump mantuvieron el 15 de agosto de 2025 en Alaska da pie para sospechar que ambos se repartieron el mundo como si se tratara de una operación inmobiliaria. Nada más se ha hablado del tema ni de lo que salió de allí. La tierra es el jacuzzi de un trío moralmente pornográfico: Estados Unidos, China y Rusia; Groenlandia o Canadá completan el catálogo del nuevo imperio mundial jugado a tres bandas.
El desprecio a los derechos humanos por parte de las grandes potencias permite hacer lo que les da la gana. La inexistencia de una oposición firme a sus tropelías da fuerza a estas bestias negras. Lo tenemos en la respuesta europea sobre la agresión militar contra Caracas cargada de componente político. ¿Que los estadounidenses afirmen no haber utilizado misiles en el ataque debe tenerse en cuenta para no considerarlo agresivo? Su objetivo es apoderarse de los recursos naturales venezolanos, capturar a Maduro supone una coartada para capturar a toda la nación, para dolarizarla posteriormente, para crear un clima de miedo y agotamiento progresivo en la subsistencia de la población civil.
Donald Trump no es el único culpable de este atropello. El Viejo Continente moderno políticamente que le lame los talones y se baja los calzoncillos ante Washington es cómplice de una desvergüenza normalizada. ¿Sadomasoquismo exhibicionista regularizado? ¡Desgraciada Europa, nos espera lo que nos merecemos! Europa, un socio obligado a comprarle armas, focaliza el deseo trumpista de aumentar el gasto en defensa para contribuir a la OTAN. ¿Justa para quién: para él y su enfermedad egocéntrica? ‹‹OTAN no, yankees fuera›› era una de las consignas que se leían en las pancartas de las manifestaciones anti-OTAN durante los años 80, especialmente intensas entre 1981 y 1986. ¿Tenían o no razón aquellos utópicos barbudos llamados despectivamente comunistas?
Nada más saltar las alarmas de la intervención armada contra Venezuela, los comunicados políticos europeos se anclaron en la mesura, excepto algunas naciones como España. Sí, excepto Pedro Sánchez, a quien la oposición comandada por el PP le hacen cómplice de Maduro y aplauden este ataque como el principio de la democracia venezolana. Hablando de democracia, desde que Trump pegó el golpetazo sobre este tablero, ¿cuantas veces se le ha escuchado pronunciar la palabra democracia? Se apresuró a decir ‹‹Gobernaremos el país hasta que podamos hacer una transición segura y moderada››. ¿Justa para quién: para él y su enfermedad egocéntrica?
El expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico, fue indultado por Donald Trump al considerar que ‹‹ha sido tratado con mucha dureza e injusticia››, según escribió en su red social Truth Social. Quien dijo al narco Geovanny Fuentes Ramírez ‹‹Le vamos a meter la droga a los gringos en sus narices›› ahora es amigo del presidente republicano, con bases militares esparcidas por toda Sudamérica que se apresura a desentumecer. Por si Trump carece de esta información, la cantidad de fentanilo que entra en su país no tiene nada que ver con la de cocaína, sin mencionar otras drogas que invaden este mercado.
El guardián del mundo (occidental) ha clarificado más su actitud de gran matón. Europa ha muerto políticamente y las opiniones de la mayoría de sus mandatarios lo dejan claro. La bajada de bragas de la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen aporta su grano de arena siendo tan vaporosa como demagógica mientras el Secretario general de la OTAN, Mark Rutte, saborea su perfume diplomático.
El circo descendiendo del avión que transportó a Maduro hasta Nueva York se aparta de las calles caraqueñas como foco mediático. Es el espectáculo cómodo para Donald Trump en el que cada paso, incluido la espera, responde a un protocolo estudiado. Las advertencias a América Latina (Cuba, Colombia, Ecuador) de que guardaran su trasero no se hicieron esperar. Esta mano negra también se extendió a Europa pronosticando un mes antes del ataque contra suelo venezolano la desaparición de su civilización. El presidente de USA es un inmoral hitleriano, un Atila petulante que, en vez de conquistar, se apodera de naciones para su beneficio. Alguien que ha hecho del mundo su Monopoly y de Latinoamérica su estercolero. La memoria refresca lo que pasó con el dictador panameño Antonio Noriega, trabajador de la Administración de Control de Drogas (DEA). Fue otra cabeza de turco de los intereses made in USA.
Las naciones europeas, con los partidos de la derecha al frente, se han mostrado asquerosamente vasallas de USA. La ética trumpista radica en tumbar la puerta ajena entrando por la patada ilegal con más potencia que Corcuera en sus años. Los filtros políticos del Senado o el Congreso de EE.UU. se han omitido, haciendo de Mar-a Lago el cuartel general desde donde se festejaba el triunfo contra Nicolás Maduro. La Doctrina Monroe ha mutado a la Doctrina Donroe. Trump se siente cómodo generando conflictos a pequeña escala porque es incapaz de mantener una contienda global de desgaste. La represión exterior da lugar a una opresión interior que ha despedido altos cargos y de inteligencia militares, llegando a renovar el nombre del Pentágono por Ministerio de Guerra. ¿Cambiamos Trump por Goebbels? Igual algunos europeos aplauden la decisión.
Si los venezolanos hubieran conseguido derrocar a su presidente corrupto, y a toda la cúpula militar que lo apoya, habría motivos para llorar de alegría. Pero esto no es 1789 ni se oye por las calles caraqueñas el canto de un Marsellesa latina. El ejército de Donald Trump ha capturado a Maduro mientras se gasta el dinero del contribuyente norteamericano fletando un avión para él, su mujer y el resto de la cohorte policial que los rodean ¿como seguridad para que no escape o como teatro peliculero? La justicia de Estados Unidos debe saber que no pertenece al Tribunal Penal Internacional y, por lo tanto, no puede juzgarlo. Si lo hace, se está retratando como un Mossad dispuesto a reproducir la caza de nazis contra cárteles de la droga a lo que no puede acorralar, a ir contra políticos incómodos con intención de convertir al mundo en su MAGA transfronterizo. El zarpazo de un tirano mató a otro. ¿Y ahora, qué?
|
|