La edad es un enemigo que va erosionando las aspiraciones de las personas. Los años pasan y si no vemos cumplidas nuestras expectativas de futuro, sentimos frustración muda. Los cuarenta nos obligan a
provocar un giro en nuestra vida con decisiones que nos hacen sentir más responsables. El sueño fermenta en realidad y Un pequeño cambio comienza con una decisión solitaria que involucrará a más cómplices de los esperados. Después de la fiesta llegan las temidas resacas cerebrales que pregonan una amnesia responsable dentro de la irresponsabilidad que envuelve la película. La manipulación genética es un póster del Play-Boy en la cinta protagonizada por Jennifer Aniston. |
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Nos encontramos ante un producto desarrollado por la factoría Albert Berger-Ron Yerxa, quienes han cosechado éxitos produciendo Little Miss Sunshine y Juno. Su película no esconde más de lo que muestra: un carácter generalista que sienta bien al público masivo. Nos hacen ver que resulta saludable tener amigos y que esa amistad puede crear conflictos cuando cada parte da un enfoque distinto al tono de su mensaje. ¿Es necesario que aparezca otra persona para despertar el amor entre hombre y mujer?
Un amigo es un espejo ante el que puedes sincerarte. Le pedimos consejo, le contamos intimidades y nos enfadamos con él por no decirnos lo que queremos escuchar.
La relación estableciada entre Jennifer Aniston (Kassie Larson) y Jason Bateman (Wallie) mama de la conexión amor-odio. Él es un neurótico pesimista e inseguro, sarcástico; ella, resuelta, a quien su indecisión saca de quicio. |
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La búsqueda del príncipe azul aterriza en el mercadillo banal de Un pequeño cambio.
Aquí, el proceso biológico de la reproducción no busca la sinergia afectiva entre dos personas cuando se aman sino la urgencia de completar un ciclo de fertilidad femenina.
No es artificiosa ni trascendental, resulta agradable. |
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La frialdad del plan trazado por Aniston consigue resultados, es tan sólido como su ignorancia. Es engañada por la fatalidad humorística que Jason Bateman (Wally) se encarga de remendar como un hombretón, acorralado por el pánico. |
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El guión de Allan Loeb (21: Black Jack, Cosas que perdimos en el fuego) está basado en Baster, un relato del novelista ganador del premio Pulitzer Jeffrey Eugenides, entre cuya autoría se encuentran Las vírgenes suicidas y Middlesex. Lástima que el saber buscar no coincida con la factura final de lo encontrado, reducido a una cinta comercial que no queda a la altura del novelista.
Los personajes de Un pequeño cambio lo comparten todo: reencuentros, fluidos y vivencias. Jennifer Aniston es independiente, encarna al modelo de madre soltera sin compromiso. Es autodidacta.
La juventud de Thomas Robinson (Sebastian), ochos años, le pone su puntito de ternura al mundo de los mayores. Hay algo de hippismo colorista gracias a Juliette Lewis (Debby) que ha aparcado su indumentaria indie para cuando empuña el micrófono junto a The Licks. |
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La dirección de Josh Gordon y Will Speck está adornada por una decorosa fotografía urbana que se acopla al molde de comedia sencilla. El funky de Nu Shooz, Jamiroquai y Sunrider se pasean por Nueva York aportando un grano de interculturalidad que refresca las imágenes.
Su banda sonora cuenta con la particularidad de tener entre los créditos a la californiana Donna De Lory, muy apartada de su Ambient orgánico, interpretando Papa Don't Preach, el clásico del pop creado por Madonna. |
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La vida es un cambio constante lleno de imprevistos. El silencio trae más calabazas que la sinceridad. |
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