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LA GUERRA QUE BORRÓ LAS IDENTIDADES
Película "En tierra de sangre y miel”"
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica |
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Banda sonora |
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El hecho de que Angeline Jolie se estrene como directora en esta película no va más allá de lo anecdótico; es un dato exclusivamente abierto a la curiosidad más relajante. La Guerra de los Balcanes está jubilando a Vietman de las pantallas y, en ocasiones, se atreve a medirse con la Guerra de Irak. Los conflictos bélicos han tenido, y tendrán, cancha en los despachos de Hollywood. La guerra, llevada a la gran pantalla, funciona como elemento recursivo sin fecha de caducidad; no interesa el qué sino el cómo a la hora de acometer esta empresa. La guerra que, entre el 6 de abril de 1992 y el 15 de diciembre de 1995, barrió Bosnia-Herzegovina, aún permanece latente en la conciencia colectiva. Su brutalidad convulsionó al mundo entero.
El despliegue de la miseria humana en este campo de batalla coincidió con el fin de un siglo. Miles de inocentes fueron obligados a vomitar sangre apestada a genocidio y sus ejecutores creyeron saborear la miel del valor patriótico.
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El interés que suscita la actualidad de esta temática se desvanece con la flojera de un guión deslabazado. La contratación de un buen guionista sería el primer paso a dar por Angelina Jolie para solidificar su técnica. La historia central se ahoga en el fango del desinterés desmedido dentro de una ambientación lograda con detalle. La solidez temporal choca con la inconsistencia de su contenido. El hecho de tratar un tema tan árduo como la guerra bosnia, prolongación de la serbo-croata, no implica asegurarse el éxito. “En tierra de sangre y miel” podría haber sido polémico, perturbador, catártico y brillante. El uso del tiempo condicional en estas palabras no encierra segundas intenciones sino que intenta resumir un presente contínuo monótono, fundamento de la película. La violencia será siempre sangrante, el hombre seguirá comportándose como una bestia en cuanto le cuelgen un fusil al hombro para convertirlo en salvador patriota de un odio inculcado desde los cuartes políticos. ¿Dónde está la comunidad internacional? |
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“En tierra de sangre y miel” abarca el odio y el amor en un conflicto injusto dentro de este genocidio internacional. Su complejidad exige, desde el comienzo, una ubicación minuciosa de los personajes. En Bosnia-Herzegovina combatieron serbo-bosnios contra musulmanes, croatas contra bosnios. Se supone que las tropas comandadas por un sanguinario y confundido Danijel (Goran Kostic) son una facción serbobosnia, algo que nunca se aclara; podrían ser serbios de Belgrado. Estamos obligados a intuir la pertenecia de Ajla (Zana Marjanovic) a los musulmanes bosnios. No hay buenos ni malos; sólo los agredidos y hostiles: ¿todos revueltos?
A parte de estas anotaciones históricas, “En tierra de sangre y miel” peca de una lentitud que no alcanza la opresión de su entorno. El odio convive con el amor, sus protagonistas viven una historia de identidades; muestra la cobardía del ser humano. |
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El dramatismo de la separación producida durante la Guerra de Bosnia no existe; el abuso belicista, sí. “En tierra de sangre y miel” intenta reflejar la universalidad y crueldad de las guerras: todas son fractricidas. Aunque exista una historia amatoria entre sus protgonistas, el odio siempre estará presente cuando los vínculos religiosos marcan tanto las creencias de las personas. La religión se convierte en una segunda sangre. Se masca la tragedia de la guerra: una confrontación injusta, estúpida y obligada, diseñada desde entelequias políticas, con nombres propios, bajo la intención de adoctrinar a los civiles que se convierten en asesinos.
Bosnia-Herzegovina vivió una etapa sangrienta que Angeline Jolie ha buscado como fondo para un argumento endeble. |
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Texto: www.photomusik.com
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