La tradición dice que Santa Claus tiene la capacidad de desdoblarse en varios hologramas que recorren el mundo. La amabilidad con que ocurre la charla de bar entre dos disfraces de Santa humaniza al personaje que todos queremos. Las jarras de cerveza acercan las caras del mismo disfraz entre un optimismo conformista y la decepción que pronto sentirá taquicardia. Todo el tenderete carecería de sentido sin él, comenzando por los sueños infantiles. El afecto de la noche oscura radica en la inocencia del pensamiento infantil que cree en el hombre barbudo colándose por las chimeneas, lleno de regalos.
La fiesta navideña se completa con la reunión casera en torno al deseo, más cercano a la avaricia personal que a las ganas de compartir en familia. El círculo se completa con una fauna nada despreciable: la hija capaz de mentir con elogios para alcanzar la herencia familiar, un marido atolondrado buscando en la reina madre a una mecenas económica para sus planes cinematográficos de presupuesto alto y calidad baja, el nieto que hace de las redes sociales su espejo. Tampoco faltan los problemas de la pareja rota que se reencuentra gracias a la magia de la época. O la complicidad de un secreto guardado entre parientes. Las personas insoportables que buscan capitalizar las riendas del encuentro hogareño se esconden en el miedo provocado por un secuestro exprés. Los renos son sustituidos por
elfos motorizados que se encargan de amargar las pascuas a una prole que vive en su palacete no exento de disputas. El formato de intriga criminal desmitifica el mundo sonriente que hemos tejido en torno a su figura bonachona y sonriente. La bufanda que irradia calor humano al pronunciar su nombre es puesta a prueba por el suspense. Esta versión desmadrada de Santa Claus se hunde entre la denuncia de un materialismo que lo ignora. La pandilla incursora en esta paz burguesa incluye desde un ejército de mercenarios jugando a soldaditos, sicópatas, asesinos, armas automáticas. La mezcla de negros, latinos y asiáticos apuesta por la diversidad racial vendida a la demencia innata.