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LOS MISTERIOS DE LA ELECCIÓN PAPAL
Película Cónclave


J. G.
(Madrid, España)

Cónclave
Ficha Técnica Video    
Desde 1422, en Francia el duque de Uzès pronunció la frase El rey ha muerto, ¡viva el rey! para anunciar el proceso de sucesión regia. Cuando lo mismo ocurre con un papa, se abre la misma incógnita. En el nido papal creado por Edward Berger se instaura un vacío de poder que no puede permanecer vacante. Después de Sin novedad en el frente describe paso a paso, con metodología fotográfica y detectivesca, esos movimientos que surgen en el seno de la Iglesia, celebrados a escondidas de los feligreses. A los padres espirituales de esta asamblea se los presenta dentro de un acto encaminado a proteger a un hijo vetado a este proceso, como si no lo entendiera. La visión terrenal del ser humano adopta una dimensión seráfica sólo comprensible por los cardenales que optan a la vacante dejada por el muerto. Lo secular se impone en forma de lucha por el poder, investigaciones que descubren el lado oscuro de los candidatos y la intencionalidad de sus decisiones. Lo humano se cuela como empuje al totum revolutum que cierra filas en torno al concepto radical de la elección evangélica. El acuerdo busca pactos que benefician a unos mientras otros meditan en silencio el peso de su voto en la decisión final. Se piensa más en la ganancia individual que en la estabilidad y tranquilidad feligresas. Cónclave discurre por caminos espinosos a través de los cuales la duda batalla contra la maquinación.
 
El cardenal Lawrence (Ralph Fiennes) ante la estancia papal sellada  
Lawrence junto al cardenal Bellini (Stanley Tucci)
Se cubre una cortina sobre los secretos palaciegos del Vaticano, un velo opaco marcado por la protección divina que impone la religión mientras el edificio se convierte en una cámara anecoica celestial regida por individuos mortales. El enclaustramiento propuesto, que no forma parte de una ficción cinematográfica, se manifiesta para esclarecer controversias sobre la sucesión papal en un espacio donde mística y pragmatismo luchan por esclarecer el rostro que los guíe. La figura cardenalicia pone orden a unos acontecimientos con intenciones desestabilizadoras; intenta encauzar el trámite de la manera menos incómoda, respetando el tránsito de etapas y nombres con intenciones antagónicas o llamadas al consenso entre devoción y favoritismos humanos. El ritmo pausado, que no lento, hace disfrutar la trama instalada en un suspense que no persigue una resolución rápida, una fumata blanca complaciente. Con la misma serenidad eclesiástica, la intriga juega con los acontecimientos para pervertir su entidad divina. La profundidad del personaje representado queda retratada entre lo mundano y lo supremo sin necesidad de que sea alimentada por crisis de fe. El misterio que genera se apoya en los cuadros fotográficos que lo decoran. El argumento se mima con interpretaciones memorables como las de Ralph Fiennes, Stanley Tucci, John Lithgow o Isabella Rossellini, por citar algún ejemplo, haciendo del plano invisible una visualización escénica artística. Ralph Finnes es un monstruo cinematográfico de carne y hueso con entidad espiritual.
Los conflictos que se originan sobre el control todopoderoso se ven ensuciados por pasados poco decentes de los máximos vigías de la fe católica. Este drama fiel a lo desconocido describe con sobriedad actoral actuaciones purpuradas que asustan y, otras, se hacen respetar por una fidelidad que trasciende creencias.

La hermana Agnes (Isabella Rossellini)  
El cardenal Lawrence charlando con el cardenal Benítez (Carlos Diehz)

Al lado de las urdimbres palatinas sobrevive un ejemplo de integridad en quienes no desean ostentar el poder papal sino permanecer en el lado consejero, alejados de una responsabilidad que convierte al Sumo Pontífice en el foco de miradas que trascienden lo religioso: una labor para la que no todo el mundo está preparado. Las guerras por el dominio interno entre distintas maneras de entender la labor ecuménica aderezan un plato jugoso para muchos aspirantes a ganarlas.
Cónclave esboza un argumento en el que la decisión meditada escandalizaría a gran parte de la curia, y a toda la intolerante. El corazón de este drama humano que no puede desligarse del componente religioso hace que creyentes y escépticos deben ver para comprender un mensaje clave que muchos comparten: su universalidad. El enigma abierto no se cierra hasta la interpretación final de hechos inesperados, transgresores. ¿Por qué? Es lo que cada espectador debe responder.

J. G.


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