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LA SANGRE ES UN ASUNTO FAMILIAR ENDEMONIADAMENTE PASTELOSO
Película Posesión infernal: En llamas
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica
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Los raperos utilizan la expresión hacer ruido en la casa para reivindicar su territorio, para jalear al público, para defender el barrio como el pulmón con el que respiran, como un grito de guerra sin fronteras. El nuevo largometraje de Sébastien Vanicek se aleja de esta identidad cultural para hacer del ruido una cacofonía repelente y repugnante excepto para quienes amen la violencia visual que busca retratarse dentro del terror. Terror es una palabra demasiado mayúscula para enmarcar un subproducto que se deja mimar por la identificación macabra como enfoque amable de lo desagradable. Cuando los cuerpo se descuartizan con facilidad, cuando los vivos se visten de zombis malditos que sólo buscan la venganza sangrienta sin justificación, la ponzoña corroe su cuerpo deformado hasta ensalzarlo como ente descompuesto con versatilidad de plastilina y hambre liquidador. Si, además, este encadenamiento sin sentido se topa con un guion flojo e inerte, la pesadilla que debía atemorizar provoca sonrisas de cabreo sincero. El voyerismo defeca su complacencia en el deseo asesino de personajes que no son dignos de atención excepto para guillotinar una naturalidad amorfa, de factoría y nada original.
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El recuerdo a Sam Raimi es evidente desde un cartel que retrotrae a Drag Me the Hell entre suspiros nostálgicos y esperanzados. Su nombre no quiere separarse del averno, pasando de la dirección a la producción con el morbo de una presencia siniestra para rellenar los créditos finales. Por otro lado, la agudeza hace pensar en un enmascaramiento del título para que no se interprete como una continuación de. Dicha intuición hace sospechar sobre el maquillaje con que se embadurna la versión nueva de una historia conocida a modo de franquicia. Quizás se haya utilizado esta técnica para no espantar al público que quedó insatisfecho con el largometraje citado. La sospecha se cierne más sobre esta idea que sobre los personajes de un producto presentado con la incógnita del terror poco trabajado venido de un inframundo acechante. El dolor y el duelo quieren hacerse amigos de la brutalidad despiadada, de cuerpos que ensalzan la muerte a golpe de estrujar cerebros y clavar dagas que permiten abrir un gran chorro de sangre como elemento protagónico de la estupidez más intencionada. La voracidad de un fuego purificador desempolva las imágenes de un Terminator satánico y jipi. La voz de Jacques Brel musica una pérdida de tiempo que nada entre lo siniestro, palizas, sadismo y un entorno familiar contaminado. Si el exceso de carnicería es sinónimo de atrevimiento, Posesión infernal: En llamas debe catalogarse como atrevida. |
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Texto: www.photomusik.com
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