La
Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE) ha otorgado el
Premio Feroz de Honor 2026 a la intérprete madrileña
Marta Fernández-Muro, que recoge la estatuilla en la decimotercera gala de estos galardones el 24 de enero en Pontevedra. Experta
robaescenas y rostro imprescindible del cine español de los ochenta, la AICE ha concedido su premio honorífico a una actriz con una profundidad en sus trabajos que va mucho más allá de los papeles cómicos que le dieron una gran popularidad.
Los jóvenes la reconocen como la
madre de Raúl Cimas en la brillante serie ‘
Poquita Fe’, pero Marta Fernández-Muro lleva casi cuarenta años de carrera, en la que no solo ha sido actriz de cine, teatro y televisión. También es
empresaria,
escritora y fue
bailarina de danza clásica en sus comienzos. Adolescente insólita en los años 60, fue una de las
fans que acudió a la plaza de toros de Las Ventas a ver el
concierto de los Beatles en Madrid. Y no sólo eso: el NO-DO franquista eligió su rostro como ejemplo de la juventud "rarita y enloquecida" que esperaba a los británicos en el
aeropuerto de Barajas.
Fue un amigo de su hermana Teresa, Ricardo Franco, el primero que le dio un papel en el cine; ella había empezado a estudiar teatro tras ver un anuncio en el periódico sobre una escuela en la que había, sobre todo, alumnos y profesores argentinos. A su maestro de aquella época,
Martín Adjemián, le debe Marta la convicción de que "realmente servía para algo": valía (y mucho) para actuar.
Su naturalidad sin extravagancias, nada impostada, lejos del famoso
método Stanislavsky y muy cerca de la vida, le ha valido ser para el cine
"la secundaria de lujo que se come la cámara". Una actriz en constante aprendizaje que no quiso dejarse llevar por lo fácil. Harta de
interpretar monjas -tuvo la desgracia de hacer muy bien su primer papel en
‘Los restos del naufragio’ (1978), con Fernando Fernán-Gómez y Ángela Molina- y criadas dulces, inocentes, a veces tontorronas,
se fue a Nueva York donde aprendió con maestras muy de pie a tierra:
Uta Hagen y Geraldin Page. Formación que le permitió trabajar con solvencia en el teatro de la mano de grandes nombres como
Nuria Espert, Miguel Narros y Adolfo Marsillach. Y su amor por las tablas le llevaron a poner todo su empeño (y todo el dinero ganado en el cine) para montar su propia obra de teatro: el monólogo
'Un pasado en venta'.
Si su recorrido en teatro es espectacular, en el cine tiene un currículum de quitar el hipo: fue parte de
‘La colmena’, de
‘Laberinto de pasiones’ y
‘La ley del deseo’, ‘La comunidad’, ‘Volver a empezar’ -sí, tiene un Óscar-, o
‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?’. Es decir, que ha trabajado con directores como
Mario Camus, Pedro Almodóvar, Fernando Colomo, José Luis Garci o Álex de la Iglesia. Y también con
Iván Zulueta, en su muy particular
‘Arrebato’, que tanto la hilvana a los premios Feroz que le conceden su galardónmás fiero: el premio de Honor.