Los gobiernos tiránicos tiene por costumbre invitar a algunos periodistas para que comprueben la tranquilidad de su nación. Es el único momento en el que la libertad se saca a pasear a través de postales orquestadas por banderines. Rithy Panh se adentra en las tripas del conflicto camboyano proponiendo un recorrido con guías adiestrados para camuflar incomodidades a las mentes inquietas, regresa a su tierra para arañar sin provocar dolor en un relato más documental que dramático. La historia se revuelve magullada entre escalofríos y nombres propios preservadores de la
limpieza étnica.
Les Larmes du Cambodge: l’histoire d’un autogénocide es el libro de
Elizabeth Becker que empujó a esta traducción visual libre de sus páginas con licencias comprensibles al desarrollo escénico. El pueblo aparece como la víctima indefensa que sobrevive al gobierno de una dictadura autoproclamada democrática. El pasado no se despierta con la intención de arreglar cuentas sino de recordar su importancia. La idea del
genocidio pulula entre horizontes vetados e interrogantes sin contestar mientras la vigilancia policial acorta y dirige los pasos de tres periodistas privilegiados. La dictadura se viste de república popular para significar que no da peces al ciudadano sino que enseña a pescarlos. El sudor en su frente podría interpretarse como el producto de trabajos forzados que revertirán en el bien de la comunidad.