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CENSURADO Y OLVIDADO
Película Caja de resistencia
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica |
Vídeo |
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El cine documental plasmado en la figura de Fernando Ruiz Vergara se deja llevar por lo performativo, quedándose en interpretación de lo que pudo ser y no ocurrió. Su muerte, visible desde hace tiempo, dejó muchos proyectos en el aire como castillos mentales que sólo él sabía ejecutar. El viaje propuesto por los cineastas Alejandro Alvarado Jodar y Concha barquero define con claridad la entidad de un título convertido en trabajo de arqueología cinematográfica. Está lleno de buenas intenciones que arrancan con el protagonismo de un personaje que el tiempo no rescatará, incansable a la hora de denunciar lo abusivo, la lucha anticapitalista en Andalucía. Las intenciones incumplidas se convierten en parte de deseos frustrados recompuestos en forma de ilustración abstracta. Los dos realizadores tienen la misión de trasmitir las intenciones y deseos de Vergara, el luchador oscurecido por el momento histórico que vivió, en un acto de últimas voluntades que descubren al inconformista opacado por un silencio injusto: alguien a quien nadie le regaló nada. La evolución de este trabajo investigador invita, y obliga, a ir más allá de las imágenes para plantearse los intentos por plasmar ideas en escenas, lo estático en movimiento y la fluidez de las ideas en contenido tangible.
El principio apunta a otro documento sobre las barbaridades franquistas cometidas durante el golpe de Estado de 1936 a través de los vecinos de Almonte, a resucitar el nombre de los asesinados como si hubiesen desenterrando una fosa común conocida por muchos que el tiempo exige su descubrimiento, a exigir la identificación de los asesinos. Los enfoques históricos que marcan una adolescencia en la dictadura franquista pronto se desplazan al norte de Europa como obrero en fábricas, como camarero, pintor. La manera autodidacta con que entra en el cine se produce a través de las cooperativas entregadas a este mundo en la ebullición cultural y política de Lisboa durante la Revolución de los Claveles. Las miras se amplían al desenterrar del olvido Rocío, la primera película secuestrada judicialmente en democracia tras la derogación de la censura cinematográfica en 1977. Lástima que se quede en celebración anecdótica del éxito fascista que negó el cine como expresión cultural.
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El documento audiovisual se completa con extractos sacados de esa caja de resistencia donde Fernando Ruiz Vergara guardaba sus sueños, ideas inconclusas que adquieren valor nostálgico aunque su hallazgo tenga pinta de cuadro abstracto, de libro sin índice ni páginas numeradas. Quizás el hecho de permanecer como contenido inconcluso cotice al alza su valor cultural. El pasado que recorre las minas de wolframio de Panasqueira engarza el relato de un presente que no representa progreso, alejado del europeísmo considerado enemigo del pueblo español. Los folios guardados se extraen como minerales en bruto que abarcan literatura y ciencia. Tanta exposición de ideas sin concierto abruma. Demuestran el volumen de la capacidad intelectual y creadora del cineasta pero llegan a convertirse en un vómito de escenas sin pies ni cabeza convertidas en enumeración desbaratada de fabulaciones que empalagan. Tanto contenido marcado por el contexto divulgativo hacen reflexionar sobre la envergadura erudita de alguien que no logró ver el éxito de su trabajo como se merecía. ¿El individuo se debate entre un gran olvidado o alguien que encontró en el remanso del silencio la conexión con bocetos fílmicos que ahora ganan la batalla contra la censura?. |
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