Símbolo de una España en Transición
Rodada en el
verano de 1975,
Cría cuervos se erige como testimonio de su tiempo. La película capta el clima de descomposición de los
últimos meses del franquismo a través de una historia íntima que funciona como metáfora de un país en crisis. Producida por
Elías Querejeta, con fotografía de Teo Escamilla y montaje de Pablo G. Amo, la cinta cierra la etapa de Saura donde la
memoria silenciada y las secuelas de la Guerra Civil pululan crípticamente en sus largometrajes.
La película narra la historia de Ana (
Ana Torrent), una niña marcada por la muerte de su padre (
Héctor Alterio), y por el recuerdo de su madre fallecida (
Geraldine Chaplin). En ese entorno, dominado por el silencio, la ausencia y la contención emocional, la protagonista construye su propio mundo adulto, desdibujando los límites entre realidad e imaginación. Tanto es así que la pequeña cree tener el poder para decidir sobre la vida y la muerte.
Feroz y sutil a partes iguales,
Cría cuervos articula una crítica a los estamentos represivos del
franquismo a través de varias capas simbólicas. La herencia de la violencia entre
generaciones —que da sentido al propio título, tomado del refranero español— se manifiesta tanto en el legado material del padre como en los impulsos de la niña. La figura paterna,
militar autoritario, encarna el inmovilismo del régimen, mientras que su
velatorio evoca el funeral de Estado que meses después marcaría el final de una era. A ello se suma el retrato de la hipocresía en el
seno matrimonial, donde las
mujeres ven relegadas sus aspiraciones en favor de un modelo social asfixiante.
Sobre el personaje de Ana Torrent recae, precisamente, la tensión entre ese mundo opresivo y la posibilidad de cambio. Su mirada —a la vez inocente y perturbadora— introduce una grieta en ese universo cerrado, anticipando la llegada de la
Transición española.
Legado que ‘no se va’
A la velada crítica se suma el cuidado lenguaje cinematográfico del que se valió Saura para construir un relato mediante
flashbacks y
saltos temporales que conectan distintas etapas de la vida de la protagonista, con
Geraldine Chaplin ejerciendo también de Ana en su versión adulta. Por su parte, la cámara recorre los
espacios domésticos con sobriedad, mientras que el uso de la luz refuerza el contraste entre personajes —con tonos más oscuros asociados a la figura paterna—. Todo ello se completa con la presencia del tema
‘Porque te vas’ en la banda sonora, convertida en un símbolo de
evasión y melancolía.
La película no estuvo exenta de roces con el ala conservadora y militar del régimen. Sin embargo, los
cambios políticos y sociales que atravesaban a un país cuyo discurso se abría al aperturismo favorecieron que el largometraje lograse sortear una
censura todavía muy presente. A medio siglo de su estreno,
Cría cuervos mantiene intacta su capacidad de evocación y análisis. Su éxito en taquilla —con
más de 1,2 millones de espectadores— y su repercusión internacional la consolidaron como una de las obras más influyentes del cine español contemporáneo. Su regreso a Cannes en versión restaurada en 4K permite redescubrirla en condiciones óptimas y reivindicar su vigencia como retrato de una sociedad en transformación, así como su lugar esencial en la historia del cine europeo.