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CINE Y ESPECTÁCULOS
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ALGO QUE EMPIEZA BIEN Y TERMINA FATAL
Película La luz que imaginamos


J. G.
(Madrid, España)

La luz que imaginamos
Ficha Técnica Video    
Si cogemos a tres mujeres y las metemos en una coctelera llamada Bombay, el conflicto, la crítica social y la obligatoriedad del ensalzamiento se dan por seguras en un largometraje tramposo. A continuación, la pericia de Payal Kapadia es la encargada de adornar este paisaje a través de elementos que elevan lo cotidiano a metafísica vitalista con potencial de cartonaje claroscuro. Su segundo trabajo arranca con inteligencia documental, haciendo de la cámara el espejo de un mundo donde el día y la noche poseen la misma vitalidad. Las imágenes dejan claro que en la capital del estado de Maharashtra está prohibido no vivir, donde la llegada se convierte en bombeo para su corazón que busca un mundo mejor sin el acoso de la policía migratoria. Esta visión global de una pobreza mimetizada en cotidianidad no borra los rostros sonrientes de quienes no saben lo que van a encontrar. Su búsqueda es la gasolina de cada momento.
La oscuridad provocada por la noche como sinfonía de su encadenamiento alimenta las expectativas de una acción que pronto, y gracias a la individualización del protagonismo humano, va perdiendo, o despojándose, de sello distintivo. Entonces aparecen los corazones solitarios con cuerpo de mujer y hombre, los anhelos de la espera perpetua, los casamientos obligados por la tradición. La fraternidad entre Anu y Prabha, compañeras de trabajo, encuentran en Parvaty la tercera línea para cerrar un triángulo con protagonismo humano, marcado por la falta de raíces y la obligatoriedad del desahucio por cuestiones legales. La incomodidad se instala en sus vidas aunque en alguna exista una necesidad hormonal de mantener sexo con su novio. Todo un batiburrillo de emociones donde los detalles que buscan tocar el corazón encuentran un pasto frondoso; la filosofía fácil que desconcierta a la sensibilidad profunda.
 
Prabha (Kani Kusruti)  
Anu (Divya Prabha) junto a su novio

Si hay que ensalzar a alguien es al director de fotografía Ranabir Das, habitual de Kapadia. La oscuridad urbana se cuida de mantener las fronteras de su mundo bien perimetradas, elevando un tratamiento fallido del consciente humano, de la esclavitud provocada por ritos religiosos que no respetan a la persona ante la entidad etérea. A pesar de que la música colabora para no soterrar el sopor, su presencia hace del contenido un alargamiento de telenovela hindú de bajo coste y realización pésima. La segunda parte experimenta un cambio radical en la forma. La tenebrosidad metropolitana dominante es absorbida por luminosidad marina y amplios paisajes llenos de naturaleza donde la vida se respira. Sólo se respira. El resto, es un ‹yo me vuelvo al pueblo› con instinto de reformulación vital y humana. Lo frenético se diluye en una tranquilidad que no conduce a ninguna parte. Este cambio geográfico, que hubiera significado un final abierto bien definido, quiere buscar una explicación a lo que no necesita aclaración.

Anu, Prabha y Parvaty  
'La luz q ue imaginamos'

La luz que imaginamos no es cine de griterío donde la violencia se imponga por la fuerza, sin sentido, para abundar en el aburrimiento que confunde la pesadez con le melancolía. Acercarla al estilo de Won kar wi, como se ha dicho, es un arrojo que sólo la libertad de expresión permite: la misma que puede tirar por tierra un argumento tan oportunista como pictórico. Todos o la mayoría de quienes escribimos sobre cine somos manipuladores de sentimientos y las imágenes. Afirmar que estamos ante una obra de arte delicada es igual que no distinguir el tacto entre un saco de patatas bien adornado y un sari chillón. Convencer cómo el aburrimiento quiere transformarse en sinónimo de reflexión poética sería el mayor punto de interés para la primera película que representa al cine indio en la competición oficial de Cannes desde hace treinta años.

J. G.


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