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FALTA DE INTELIGENCIA NATURAL
Película Buena suerte, pásalo bien, no mueras
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica
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La idea que Gore Verbinski plasma en este largometraje loco es una copia estrafalaria y crítica de Robert Zemeckis en la franquicia Back to the Future. Más emporrada, poco graciosa, nada interesante. El hombre misterioso que dice venir del futuro con impulso repetitivo se engalana de actualidad futurista, autoproclamándose predicador de un apocalipsis cercano. Su revolución avisa de una Inteligencia Artificial amenazadora que se siente cómoda en la falta de seso humano. Se convierte en reclutador de mercenarios que salvarán al mundo de algo que se está pariendo con velocidad lumínica. El nerviosismo de la falta de interés humanoide revuelve la intención redentora de alguien que basa sus intenciones en argumentos destartalados e ingeniosos. La crítica abierta al papel de las redes sociales funciona como motor de una humanidad tecnificada, hundida en su falta de modestia y elasticidad cerebral. La búsqueda de la comedia hilarante propulsa su armazón como una nave espacial en el relato de terror tecnológico, sin llegar al reproche tecnooligarca. La negrura escénica, más allá del significado metafórico, se justifica por la abundancia de secuencias nocturnas y ambientes poco iluminados, igual que las mentes de sus protagonistas. Se confunden con el vacío que defienden mientras reposan entre las sombras de ejércitos trastocados, asesinos enmascarados como si fueran a amenizar una fiesta cutre de disfraces y hordas de jóvenes zombis. El ritmo de los acontecimientos no compensa su falta de consistencia. Su corazón palpita libre en los dominios de en la insustancialidad de coyunturas que buscan justificar el crecimiento de la IA. Este escaparate de estropicios humanos es devorado por la presencia de un gato mutante con hambre cavernario que orina confeti.
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El inicio inquietante muta con facilidad al hastío, desalentador por su falta de misterio tenebroso y ascendente en una inacción mental que produce risa. La rutina humana, cada vez más apegada a la prolongación del teléfono móvil como fundamento, refuerza una existencia encajonada en pantallas que absorben el cerebro a través de una emoción pixelada. Que este artefacto original sea calificado de atrevimiento no justifica la creatividad de un metraje excesivamente largo. ¿Acaso se busca alentar sobre el fin de la raza humana autónoma a través de bucles temporales? El antiguo guitarrista adolescente de punk-rock que tuvo que vender su guitarra para comprar su primera cámara aturde en vez de alertar, presenta un humor discontinuo totalmente absurdo. El recuerdo a La noche de los muertos vivientes persiste en una fantochada que ni asusta ni remueve las neuronas ociosas o pensantes. Lo nuevo de Verbinski ni para pasar el rato sirve. Quizás sea una película hecha para pocos dentro de una exquisitez atemporal y arriesgada. Tan arriesgada que sólo el título sugiere una fruslería divertida para entregar un batiburrillo de ideas poco ingeniosas y muy presentes: el atontamiento tecnológico como elemento de revolución ante un ser humano más algorítmico que orgánico. Será que la miel no se ha hecho para la boca del asno, aunque esté generada por la inteligencia artificial. |
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