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APUNTE DE UN ÉXITO Y CAÍDA FULGURANTES
Película The Designer is Dead
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica
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Jack Lemmon daba una clase de perro viejo del periodismo cuando en Primera plana aconsejaba no comenzar una frase con interrogación. Sin embargo, después de ver The Designer is Dead no cabe otra que interrogarse, en este caso, sobre el significado de la creatividad. ¿Qué responde a parámetros ingeniosos?, ¿a qué llamamos arte visionario y qué es fugacidad de pasarela? Mucho de esto último se encuentra reunido en el documental que firma Gonzalo Hergueta. El realizador pone su interés en el diseñador de ropa Miguel Adrover desde su ascenso en la escena neoyorquina, donde fue aclamado por figuras como Anna Wintour y galardonado con el CFDA Fashion Award, hasta la desaparición mediática. Su nombre queda encerrado en el ojo del huracán que posteriormente lo engulló, después de ser catapultado hasta el olimpo de los magos idealistas, libres, florecientes. Claro que en un mundo donde el nombre se impone a la persona, cuanto mayor es el ascenso, más dura será la caída. El encumbramiento del mallorquín, aunque encontró alguna traición caprichosa como la de una editora aupada por el prestigio de su publicación, alcanza el techo rápidamente dentro de un pabellón de cristal que pronto comienza a hastiar, según alguien que reconvertía las prendas recicladas en mensajes sociales. En el ascenso se ha codeado con lo más underground de la escena cultural como Pedro Almodóvar durante la movida madrileña. Fue un personaje inquieto pero supeditado a los márgenes que la industria pone, resumidos en productividad y resultados. El documental arrastra su nombre a través de imágenes con entidad pasajera, y entrevistas autocomplacientes que no desvelan gran cosa sobre la personalidad del que muchos consideraban genio y hoy han olvidado.
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Lo que queda claro es la evanescencia de la moda en un mundo glamuroso que entra por los ojos más que por la mente. La explosividad que tiene las horas contadas en el minutero de la fama cede ante la contundencia del artificio incapaz de perdurar en la memoria. En el cine se llama enfant terrible a aquellos directores rompedores que se saltan las reglas para crear un estilo propio. ¿Adrover es un genio incomprendido u otra víctima del sistema consumista que nos inunda?
La segunda parte de este documental con miras introspectivas, mezcla la emotividad interna con los agasajos externos sin que siga una línea narrativa clara, excepto la de una biografía audiovisual tan corta como fue su trayectoria profesional. Este tramo responde a la necesidad de expresar una confesión personal dentro una vida nueva con sabor jipi e interés por menesteres cercanos al ecologismo granjero. Otras personas conforman el relleno de este colorama que los amantes de lo alternativo disfrutarán expresando una admiración comprensible. Su realización es sencilla, sin romperse los cuernos, con esquemas narrativos que hacen de la referencia audiovisual una anécdota intrascendente. La originalidad es un elemento polimórfico que depende más de los ojos contemplativos que de las manos que la conforman, como sucede con Miguel Adrover, sujeto al compromiso ético y a la firma de contratos jugosos para pagar las facturas que la ideología no logra. No se percibe alegría por lo conseguido que podría haberse materializado en su espectáculo más antisistema: Utopía, la lápida de su tumba. ¿Adrover disfrutó de su carrera meteórica? Jamás lo sabremos. Fue una pieza en el ajedrez del utilitarismo económico que no pudo sobrepasar con sus ideas alternativas, ajenas a los ropajes de marca. La moda en The Designer is Dead no se aprecia como elemento de placer sino de exhibición. Si a las moscas les gusta la mierda, todos están invitados al banquete. |
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