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¿CABAÑA O MAZMORRA DE DISEÑO?
Película Keeper


J. G.
(Madrid, España)

Keeper
Ficha Técnica Vídeo    
Es un error dar por sentado que una película, para que se califique terrorífica. debe sobrecoger desde el primer plano. Tampoco es correcto aceptarla como tal cuando su peso se basa en los golpes de efectos especiales. Quizás mucha de esta esencia ocurre delante de los ojos, y quien espera el estallido sangriento que no ve vísceras, no le considera terrorífico. La dirección de Osgood Perkins se aleja del método para concentrarse en lo metódico. No quiere aceptarse a sí mismo como creador de sustos que se debaten entre el efectismo de Nicolas Cage marcado por los excesos de un personaje diabólico en Longlegs y la locura de un mono borracho destinado a cortar cabezas porque sí. Se opta por el disfrute del susto alejado del ruido civilizado que escapa al silencio boscoso donde lo enigmático puede convertirse en terrorífico con más facilidad que entre el hormigón contaminado. La normalidad cercana al trámite romántico espera el delirio como culminación del recogimiento intimista, está abocada a morir en beneficio de una activación neuronal incómoda. Incómoda para los que se encuentran con el abrazo de una tormenta claustrofóbica y molesta para quienes no pasa nada. Y es que la choza convertida en recoveco minimalista del pánico no da respiro a la angustia. El susto se cuece lentamente en su aceleración macabra sin necesidad de encontrar un final atropellado ni previsible. La cabaña en el bosque de Dew Goddard convertida en nido amatorio elegante se somete a la arquitectura de una guion tan sencillo como inteligente.
 
Liz (Tatiana Maslany) y Malcolm Westbridge (Rossif Sutherland) en su 'nido de amor'  
El terror acecha por todos los rincones de 'Keeper'

Keeper, más allá del constructo interno de sus escenas, es pura estética visual no sólo gracias a la elección del lugar, marcado por su geometría elegante. Su andamiaje acompaña espacios desolados y, paradójicamente, ocupados por el eco de una vacuidad rellenada por el minimalismo decorativo. La nada ocupa un carácter funcional sin necesidad de alarde. La intranquilidad se suma al elenco sostenido por Tatiana Maslany sobre los elementos extracorpóreos aunque estos ganan la partida frente a una carnalidad aterida por un frío pavoroso: pacífico, inquietante y sistemático, cuyo origen es mejor no sobrevalorar. La luz confunde con su iluminación siniestra través de ventanales enormes mientras el aire corretea por pasillos silenciosos, entre aristas de esquinas confabuladas con la intención amenazadora. Perkins se confirma como un dominador en la planificación de escenas tétricas. La ayuda de Jeremy Cox con su fotografía arriesgada, y efectiva, sube peldaños tras integrara el equipo de cámara en Longlegs y The Monkey. Su dirección visual engrasa el corazón de un metraje ajeno a la innovación fugaz, fiel a su intención de hermetismo elegantemente terrorífico. Keeper, ese teatro de la crueldad, es imagen angulada y continuidad aunque termine dejándose seducir por el dulzor de una tarta con sorpresa.

J. G.


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